En las ciudades pampeanas me cuesta menos sentir esa lejanía con la naturaleza, quizá sea que, debido a su fanática horizontalidad, puedo mirar hacia el final de una calle y ver el horizonte lo mismo que a campo abierto, y si tengo suerte agarro un atardecer con el sol clavadito al lado del último semaforo, y si tengo mala suerte, hay corte de luz a la noche debido a la fánatica argentinidad, entonces me miro alguna estrella que no me sé y le invento un nombre: esa que brilla allá arriba se llama Cocasarli y apunta a los hombres púbicos del noreste. Todo esto, junto al vientito otoñal que corre sin obstáculos acá en mi casa, por fortuna, me impide abandonarme a la urbanidad. Esta foto es en el cumple de mi hermano, había mas gente pero no entraban en el espejo. Espejos crueles, decia Maupassant, los espejos nos olvidan.
jueves, 13 de mayo de 2010
En las ciudades pampeanas me cuesta menos sentir esa lejanía con la naturaleza, quizá sea que, debido a su fanática horizontalidad, puedo mirar hacia el final de una calle y ver el horizonte lo mismo que a campo abierto, y si tengo suerte agarro un atardecer con el sol clavadito al lado del último semaforo, y si tengo mala suerte, hay corte de luz a la noche debido a la fánatica argentinidad, entonces me miro alguna estrella que no me sé y le invento un nombre: esa que brilla allá arriba se llama Cocasarli y apunta a los hombres púbicos del noreste. Todo esto, junto al vientito otoñal que corre sin obstáculos acá en mi casa, por fortuna, me impide abandonarme a la urbanidad. Esta foto es en el cumple de mi hermano, había mas gente pero no entraban en el espejo. Espejos crueles, decia Maupassant, los espejos nos olvidan.
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